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Japón tiene un calendario azteca ¡Te decimos dónde está y por qué!

Japón tiene un calendario azteca ¡Te decimos dónde está y por qué!

¿Sabías que Japón tiene su propio calendario azteca? Este es un símbolo de amistad entre México y Japón, pero ¿sabes cómo llegó ahí? Descúbrelo a continuación. 

A lo largo del tiempo, Japón y México han compartido importantes momentos históricos, que han hecho que ambas naciones se apoyen mutuamente y colaboren en diversas situaciones. 

Sin duda, son países con muy buenas relaciones culturales y comerciales, tanto así que los une una piedra. No cualquiera, sino la piedra del sol, también llamada calendario azteca, símbolo de la cultura prehispánica mexicana. 

A continuación te decimos dónde está y cómo llegó esta escultura mexicana a Japón.  

De México a Japón

Gracias a sus relaciones diplomáticas, estos dos países están más cerca y unidos de lo que te imaginas. Pues existen una serie de políticas y convenios que han surgido entre ambos a lo largo de los años. 

Uno de ellos es el convenio de hermandad entre las ciudades de Nagoya y México, el cual se firmó por primera vez en 1978 y se actualizó en 2012.

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Este pacto tiene como objetivo principal el intercambio académico, turístico, cultural, científico y tecnológico entre ambas ciudades. También, se comparten acciones para mejorar el medio ambiente y responder ante desastres naturales, asimismo, se  proponen ideas que mejoren el comercio, la administración o la política. 

¿Dónde se encuentra el calendario azteca? 

Japón tiene su propio calendario azteca o piedra del sol. Este se encuentra en la ciudad de Nagoya dentro del Hisaya Odori Park, una zona muy concurrida del barrio de Sakae.

La figura es muy similar respecto a la original, mide aproximadamente cuatro metros de altura y la cantidad de detalles que tiene es impresionante. Solo cambian los materiales con los que está hecha.

Dentro de este espacio también se encuentra una figura de un guerrero de Tula en forma de columna. Asimismo, al pie del monumento se ubica una placa que explica que dicha columna es una réplica de aquellas que sostenían el techo de la pirámide de Tula, perteneciente al imperio tolteca.   

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Esta no tiene la misma altura que la original, pero apenas varía unos centímetros y nuevamente los detalles son fenomenales. Imponente desde todos los ángulos donde se vea. 

Frente a este guerrero se encuentra el monumento a Coyolxauhqui, diosa mexica de la luna. Para este caso la réplica es del mismo tamaño que la original y en su placa se describe que fue hallada durante las excavaciones del Templo Mayor en la Ciudad de México. 

Se trata de un pequeño escenario lleno de un gran legado cultural que caracteriza al misticismo de nuestras raíces mexicanas. Además, cuenta con vegetación nativa nacional, que curiosamente logró adecuarse al clima de la ciudad de Nagoya.

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De esta forma, en Nagoya, confluyen elementos aztecas, mexicas y toltecas, tres culturas que marcaron la historia de México y que ahora son símbolo de la amistad entre dos naciones separadas por más de 11 mil kilómetros, pero unidas por el sol. 

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Alondra Sánchez

Estudiante de la carrera de Economía, amante de la cultura coreana y ARMY de corazón.

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