El efecto Trump en Corea del Sur: seguridad, comercio y política

¿Distracción? Tras la victoria de Donal Trump en las pasadas elecciones de Estados Unidos, la presidenta de Corea del Sur, convocó a una reunión para evaluar la situación, en el marco de las acusaciones que enfrente en su contra. Especial.
¿Distracción? Tras la victoria de Donal Trump en las pasadas elecciones de Estados Unidos, la presidenta de Corea del Sur, convocó a una reunión para evaluar la situación, en el marco de las acusaciones que enfrente en su contra. Especial.
¿Distracción? Tras la victoria de Donal Trump en las pasadas elecciones de Estados Unidos, la presidenta de Corea del Sur, convocó a una reunión para evaluar la situación, en el marco de las acusaciones que enfrente en su contra. Especial.

Poco después de confirmada la victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales de Estados Unidos, el Consejo de Seguridad Nacional de Corea del Sur se reunió con la cabeza del ejecutivo para analizar la situación. Tras esa charla, se comunicó a la prensa lo siguiente:

“Como nuestro aliado, Estados Unidos, ha tenido gran trascendencia en nuestra diplomacia, seguridad y economía, debemos revisar a profundidad nuestras medidas para fortalecer la relación bilateral con la nueva administración de Trump”.

Esas fueron las palabras de la presidenta Park Geun-hye. En efecto, México no es el único país consternado por los resultados de la reciente elección estadounidense; del otro lado del Pacífico hay motivos para discutir posibles escenarios.

Al igual que México, los surcoreanos tienen reservas de la persona que ocupará, desde finales de enero próximo, la Oficina Oval de la Casa Blanca. Esto se debe a las promesas en campaña que realizó el entonces candidato republicano con respecto a la península coreana. Si bien Donald Trump mostró más vacíos que propuestas en su campaña –la cual fue dominada por la demagogia y polémica—las incertidumbres derivadas de sus declaraciones prenden los focos rojos en Seúl. Éstas se pueden dividir en dos categorías, las políticas y las económicas.

El vecino

El primer rubro se puede resumir en tres palabras: Corea del Norte. En campaña, Donald Trump criticó la actitud de Washington como policía del mundo. Bajo la perspectiva del presidente electo, esta acción les cuesta dinero a los ciudadanos. En consecuencia, en varios discursos abogó por el retiro de tropas y apoyo militar en distintos puntos del globo, incluido Corea del Sur. Trump declaro que la única forma en que no ordenaría el retiro de tropas sería si Corea del Sur asume la completa carga económica que esa presencia militar representa. Desde luego que estas declaraciones no fueron bien recibidas en Seúl y ahora se recuerdan con inseguridad, sobre todo frente a la creciente amenaza nuclear y balística de Corea del Norte.

Hoy en día, en la península coreana se encuentran alrededor de 28 mil soldados estadounidenses, se realizan –aproximadamente—tres ensayos militares conjuntos por año y se está instalando, con la ayuda de Washington, el THAAD (Terminal High Altitude Area Defense), un sistema balístico de defensa que pretende frenar un posible ataque nuclear de Pyongyang. Desde luego que el distanciamiento de Estados Unidos en Corea del Sur y en Asia tendrá consecuencias desestabilizadoras que preocupan seriamente a las autoridades en Seúl. Prueba de ello fue la orden que dio Park a su gabinete de seguridad y relaciones exteriores para desarrollar planes concretos para que la administración de Trump mantenga la presión conjunta contra el armamentismo norcoreano. Asimismo, Park congratuló a Trump, pero expresó su deseo de conversar pronto para reafirmar vínculos bilaterales y seguir cooperando.

Hace unas horas tuvieron su primera conversación telefónica. Fue una charla de poco menos de 10 minutos. En ésta, Park expresó su voluntad de fortalecer su alianza, enfatizando una mayor coordinación entre ambos Estados para disminuir las acciones belicosas de Corea del Norte. En palabras del vocero surcoreano, Trump aseguró estar totalmente con Corea del Sur en temas de seguridad; prometió proteger con fuerza y firmeza a su aliado.

Sin duda, la respuesta de Trump calmó un poco las preocupaciones de Seúl, pero –debido a la brevedad e inmediatez de la conversación—sigue siendo una respuesta ambigua. Ante ello, de acuerdo al vocero, la administración de la presidenta buscará, a través de diversos canales diplomáticos, empalmar la agenda de Seúl en los lineamientos de la nueva política exterior de Washington.

 

El dinero

En paralelo a la reunión convocada por la presidenta, expertos y autoridades financieras de Corea del Sur también se congregaron. La Comisión de Servicios Financieros y de la Comisión de Supervisión Financiera discutieron sobre los riesgos potenciales de la futura administración de Trump y previeron posibles soluciones a los mismos. Destacaron que mantendrán atención al mercado financiero y tomarán acciones para frenar la volatilidad de los activos surcoreanos. Estos acuerdos se concretaron en un contexto poco favorable para la moneda (Won) y el principal indicador surcoreano (KOSPI), los cuales retrocedieron respectivamente un 2.5 por ciento y 15 won por dólar con respecto al día anterior de la elección.

Sin embargo, la mayor inquietud no es al corto plazo sobre los activos financieros o cambiarios. En el aspecto económico, preocupa la revisión o renuncia al tratado de libre comercio Corea del Sur-Estados Unidos (TLC KORUS). En situación relativamente paralela a México, Trump acusó, durante su campaña, a las firmas automotrices surcoreanas de eliminar cerca de 100 mil empleos de estadounidenses. El presidente electo propuso y defendió medidas proteccionistas en contra de las importaciones surcoreanas, especialmente los automóviles, ya que con ello las industrias nacionales no cerrarían y mantendrían su oferta laboral. Por ello, Trump señaló al TLC KORUS como uno de los principales culpables y  propuso una revisión o denuncia del mismo.

La relación económica de Corea del Sur y Estados Unidos es fructífera. Con datos de 2015, Estados Unidos representa para el país asiático el segundo socio comercial después de China; los americanos son su segundo mejor comprador (13 por ciento del total de exportaciones surcoreanas) y su tercer vendedor más concurrente (10.1 por ciento de las importaciones). En 2013, Corea del Sur obtuvo  de Estados Unidos productos agropecuarios, maquinaria, instrumentos ópticos y médicos, aviones y químicos; por otro lado, los estadounidenses compran vehículos, maquinaria, combustible mineral-gasolina y productos de hierro y acero. Se debe afirmar que hay un superávit comercial surcoreano de 20.7 miles de millones de dólares para el año mencionado.

Por todo lo mencionado, mayores regulaciones a las importaciones o aranceles afectarán, sin duda, a la industria automotriz, química y siderúrgica del país asiático, las cuales son pilares dentro de su capacidad industrial y económica. Esto no es un buen panorama ante el reciente decrecimiento de las exportaciones surcoreanas y la respectiva desaceleración de su economía.

 

Los partidos

Los partidos políticos también reaccionaron. El partido de la presidenta, el Senuri, tuvo una reunión consultiva con el gobierno para discutir posibles cambios en la política estadounidense con respecto a la península surcoreana. A los dos partidos principales de oposición –Partido Democrático y el Partido Popular— les preocupan las consecuencias que este hecho tendrá en la seguridad y la economía, por ello, tendrán sus respectivas reuniones con sus órganos ejecutivos.

La polémica

Mucho se debe discutir sobre los posibles lineamientos de la política económica y la política exterior de Trump. La verborrea que el presidente electo de Estados Unidos emitió a diestra y siniestra fue todo menos un plan o estrategia de gobierno con objetivos y estrategias definidas que nos permitan trazar alguna proyección con un poco de certeza. Domina la incertidumbre. Hasta no tener propuestas más serias y concretas no podemos analizar más a fondo. A pesar de ello, los surcoreanos se preparan con antelación para cualquier escenario.

Su reacción puede interpretarse como una típica reacción asiática de planeación anticipada. Empero, fue un tanto exagerada (teniendo en cuenta las formas, la cobertura mediática), sobre todo en el contexto en el que se encuentra la política interna surcoreana. Si bien la acción inmediata de la presidenta y las autoridades financieras fue muy pertinente para estabilizar los mercados y calmar a los inversionistas, el gobierno aprovechó la coyuntura para su causa.

Park Geun-hye enfrenta un escándalo de corrupción y tráfico de influencias que ha significado la mayor crisis política de su administración. Ésta le ha causado que su aceptación sea del 5 por ciento. Desde ya hace más de una semana su gobierno está estancado. Las protestas y la oposición política demandan su renuncia y una completa investigación a su persona. Park destituyó a personal de su gabinete, algunos de los cuales ya se encuentran bajo investigación. En su segundo mensaje a la nación, en menos de diez días, el viernes 4 de noviembre, ofreció disculpas de nuevo, aceptó que se le investigara, pero sobre todo pidió que los asuntos de Estado deben continuar. De esta manera sugería tácitamente que, bajo la prioridad de los asuntos políticos y económicos de su gobierno, declinaran las protestas sobre su renuncia, la oposición aceptara la nominación de su primer ministro y la dejaran trabajar, claro, bajo una investigación de un consejo especial.

Desde entonces, los canales oficiales de gobierno han insistido en que se acepte la propuesta del ejecutivo, ya que los desafíos de la seguridad nacional y la economía lo demandan, o, en palabras de Park “…la República de Corea debe continuar.

Para poner fin al caos y al vacío en los asuntos de Estado, la oficina del fiscal debe estar a cargo de las investigaciones, mientras tanto el gobierno debe de recuperar su función”. ¿Suena un poco familiar a los oídos mexicanos? Un “ya supérenlo”, menos cínico, claro está.

La coyuntura de Trump le cayó como anillo al dedo para abonar su reclamo de la prioridad de la inestabilidad económica y política para continuar –o terminar—su periodo principal, pues se debe recordar que en diciembre del siguiente año hay elecciones en Corea del Sur. Sin duda, el drama de la política surcoreana se pondrá más que interesante, pero esa ya es otra historia.

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