El éxito de ser Parásitos: una tempestad social

La película del surcoreano Bong Joon-ho llegó a las salas mexicanas en Navidad y acumuló hasta ahora más de 800 mil espectadores en nuestro país.



Parásitos permanece en la taquilla de México desde el 25 de diciembre. La verdad esperaba mucho su estreno, entonces no dudé en correr al cine para ver en pantalla grande el trabajo de mis cineastas favoritos de Corea del Sur, Bong Joon-ho.

Para mi sorpresa, la sala estaba llena. Había coreanos, bastantes, y otros 100 espectadores que rieron, se sorprendieron y sufrieron durante las dos horas de la película. El aura de la sala fue de la risa, producto del ácido humor que caracteriza a Bong, hasta el suspenso que representa el clímax de la historia.

Salí satisfecha pues pensé como una oportunidad única ir a ver cine coreano, un hecho poco frecuente en la CDMX, en México y en los cines comerciales. Sin embargo ahora escribo esto cinco semanas después de su estreno y miro con sorpresa que Parásitos se convirtió en una de las 5 películas más vistas en la taquilla mexicana.

¿Será que estamos ante un hecho histórico?

La película lleva $58.7 millones y casi 807 mil asistentes en México. El fin de semana entre el 10 y el 12 de enero recaudó $12.1 millones de pesos de acuerdo a los datos de Cinepremiere. Ni la taquillera película de zombies coreanos, Train to Busan, sobrepasó la tercera semana.

Debo decir que me sorprenden los datos, por ser una película coreana. Como occidentales a veces huimos a las historias y contextos que no conocemos o a lo que no estamos acostumbrados (dígase el cine de Hollywood). Ahora imaginen cine asiático, proveniente de un continente donde la mayoría de los mexicanos creen que todos son chinos. 

También confieso no estar tan sorprendida. La temporada de premios (gringos en su mayoría, en especial el Óscar) es un buen pretexto para ver “cine de arte”. 

Hasta ahora, Bong Joon-ho y Parásitos tienen la Palma de Oro en Cannes, un Globo de Oro, un premio SAG al elenco y los Critic’s Choice Awards, van por los BAFTA y están nominados en 6 categorías del Óscar 2020. ¿No va a ser extraño que la película se convirtiese en una cinta popular?

Pero esto no pasa con todas las películas nominadas. El año pasado el japonés Hirokazu Koreeda se llevó la Palma de Oro en Cannes y navegó por muchos de los mismos premios que Parásitos. Algunos también los ganó. ¿Por qué no repercutió como la cinta coreana en México si su temática aborda la pobreza, la marginación y la familia? Un tema tan similar que vemos con el film coreano. 

Más que viralidad, Parásitos

Uno de mis compañeros del trabajo me contó que era la primera vez que veía algo de Bong Joon-ho. Incluso no sé cuántas veces escuché en el pasillo. ¿Ya viste Parásitos? ¡Tienes que ver Parásitos! Y no es que mis compañeros no vean cine, sino que parecía la novedad dos semanas después de su estreno. ¿Por qué ahora todos hablan de una película coreana?

Ya Diana Su, vocera de la cinta en México, nos contó que esta es una película universal porque “tarde o temprano todos somos parásitos de algo”. Por supuesto que coincido con esa idea.  ¿Pero qué son los parásitos más allá de Bong Joon Ho? 

Entrevista: “En algún momento todos somos parásitos de algo”, Diana Su

En México existen parásitos de varios tipos, personas que viven a costa de los demás, como los ex gobernadores que se fugan con millones de pesos provenientes del erario público y gastan como si fuera su dinero. U otros ejemplos como la familia del ex-presidente, quien se tomó fotos carísimas con ropa carísima en la antes residencia presidencial de Los Pinos. 

Aquí hay a quienes llaman parásitos a las personas que “viven” de los programas sociales o a las que tienen puestos ambulantes o quienes encuentran en la ilegalidad y la informalidad su subsistencia. Hay personas en México que son huéspedes del sistema para sobrevivir a la marginación o a las condiciones económicas adversas.

Esto pasa en México pero pasa también en Corea en su contexto particular. Allá existe la marginación, la pobreza, la discriminación, el status, el clasismo, la corrupción y otras enfermedades producto del capitalismo que deriva en nosotros convertidos en parásitos. 

El mismo Bong Joon-ho explica cómo una cinta diseñada para un contexto coreano trascendió a una empatía universal: 

«Todos vivimos el mismo país llamado capitalismo»

Por lo tanto, no me sorprende que entendamos y amemos el cine de Bong Joon-ho que nos habla a todos sobre los problemas que ya conocemos, con un toque ácido y trágico como sus películas Snowpiercer o Mother

Madre bong joon oh
Mother de Bong Joon-ho: el olvido como resolución

Ser parásitos y el éxito 

La magia del internet me llevó a una conversación en Twitter sobre que un chico que estudia en el TEC de Monterrey y “no había entendido” la película. En ese mismo lugar una joven tuitera escribió que si eso sorprendía es porque no habían escuchado la reseña de los conductores del programa de radio Dispara Margot, dispara.

Naturalmente fui a escuchar. ¿Cómo “malinterpretar” la película? 

Más que contarles la reseña, retomaré algunas frases provenientes de un sector de la población mexicana que habla desde el privilegio, uno que probablemente se paga gustos caros y viajes al extranjero:

La familia de los pobres tienen un gran talento pero no lo desarrollan, más que para cosas malas…

El ingreso a la universidad en Corea del Sur es uno de los más difíciles del mundo. Como en otros países el examen de admisión y las colegiaturas son dos grandes montañas que los jóvenes deben superar. Primero por la alta demanda y segundo por el alto costo. 

Llegar a la universidad representa para los coreanos éxito y un próspero futuro, porque valoran mucho el nivel de estudios. De hecho, el único día del año que se aplica el examen CSAT, el país entero se detiene. 

Además el ingreso económico es muy importante para acceder a la educación. Una familia pobre en Corea no puede sostener colegiaturas universitarias anuales que en promedio figuran entre los $4,578 dólares (5.3 millones de wons). 

Cortesía. Choi Woo Shik (Parásitos)

Sin universidad los trabajos serán menos remunerados y estos jóvenes crecerán las filas de los empleos más explotados y no tan bien pagados. Además de acarrear consigo un estigma social de fracaso. Pues la alta competitividad y la excelencia son dos cosas de gran importancia para la vida moderna.

No solo hay que tener talento, debes competir de forma voraz en un sistema donde las oportunidades son pocas y con mucha exigencia. Tarde o temprano el tiempo y la voluntad se terminan. Entonces tienes que buscar otras alternativas, no todas legales, para acceder a una vida digna.

Los sacaron de la miseria, pero la miseria no sale de ellos… 

En cifras. 2018 reportó 460 mil jóvenes sin empleo en Corea, entre 15 y 29 años, de acuerdo con datos de la agencia gubernamental Statistics Korea. A un estudiante universitario le toma 10 meses encontrar trabajo, mientras que a uno con preparatoria puede tardar hasta casi año y medio.

De ellos, en 2019, el Banco de Corea reportó que los estudiantes universitarios deben tomar trabajos para los que están sobre calificados o unirse a las filas del desempleo. Ese año la oferta fue de 10 millones de empleos para 15 millones de estudiantes universitarios. A eso sumen los jóvenes que no llegan a tener ese nivel de educación pero están en busca de un empleo. 

20% de los hogares coreanos ganaron W988,200 al mes ($15865.33), menos del ingreso medio (W4.7 millones – $75457.46). La mitad de la población pobre tenía a su jefe de familia desempleado en 2018. Mientras que 20% de la población más rica ganó W9.32 millones al mes, unos 150 mil pesos mexicanos. 

Cortesía

En 2013, los padres coreanos promedio gastaron W240,000 ($4000) al mes en la educación primaria de sus hijos. Mientras que en Gangnam, el distrito más caro de la capital, los padres invierten W1.6 millones al mes ($25631.04). 

La vida promedio de una familia de cuatro en Corea del Sur cuesta W4,517,763.61 ($72372.19) al mes, de acuerdo con cifras de numbeo. Sin sumar renta, al ocupar transporte público, no incluye colegiaturas, con consumo de alimentos básicos, vestimenta promedio y algunos gustos de entretenimiento. 

Era una familia rica, distraída que vivía en un mundo aparte…

México vive una extraña época de “polarización”, donde el sector de la élite se dio cuenta que existe una brecha entre ricos y pobres de forma política, social y económica. No es que no la vieran, sino parece que ahora se sienten señalados y atacados por tener privilegios. 

¿Qué mejor ejemplo que Parasite para evidenciar las costumbres del privilegio?

Los ricos comen, viven y duermen sin preocupaciones básicas, sus problemas se encuentran en un hijo artista incomprendido, una joven que no sabe inglés, una mujer que intenta tener una fiesta de cumpleaños perfecta.

No soportan el olor a metro, “se pasa de la raya” dice el Sr. Park. “Hace tanto que no me subo al metro”, responde la Sra. Park. Una clase que no recuerda o tal vez ni entiende el día a día de los otros por vivir en la élite. Dicho sea de paso, Corea del Sur tiene uno de los mejores transportes del mundo, pero las personas privilegiadas no lo usan porque tener coche les da estatus.

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Al final los coreanos y los mexicanos no somos tan diferentes, ambos tenemos esa gran brecha donde la élite es ciega y se guía por las apariencias, mientras los más pobres luchan para sobrevivir a la tempestad social.



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